San Francisco de Asís: “Aquello que me parecía amargo, se convirtió en dulzura del alma”

San Francisco de Asís

San Francisco de Asís nació a finales de 1181 o a principios de 1182 y es uno de los santos más conocidos, entre creyentes y no creyentes. 

En su testamento cuenta la forma en que el Señor le dio la gracia de comenzar a hacer penitencia y relata que como estaba en pecado le resultaba extremadamente amargo ver a los leprosos, pero “el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos”. 

Tras esto, “aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo”.

Fue este hecho junto al ocurrido en San Damián, donde Cristo en la cruz tomó vida y le dijo “Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas”, que se inició su conversión. 

Tras renunciar a los bienes paternos y a su familia, abrazó la pobreza y otros se unieron a él, lo que dio origen a la Orden de los Hermanos Menores. 

San Francisco escribió poemas y alabanzas a Dios, tuvo un gran amor por la creación y en 1224 recibió las Llagas de la Pasión de Cristo.

Falleció dos años más tarde, el 3 de octubre, en la Porciúncula.  

«¡Tiemble el hombre todo entero, estremézcase el mundo todo y exulte el cielo cuando Cristo, el Hijo de Dios vivo, se encuentra sobre el altar en manos del sacerdote! ¡Oh celsitud admirable y condescendencia asombrosa! ¡Oh sublime humildad, oh humilde sublimidad: que el Señor del mundo universo, Dios e Hijo de Dios, se humilla hasta el punto de esconderse, para nuestra salvación, bajo una pequeña forma de pan!»

(San Francisco de Asís)